martes, 19 de febrero de 2013

Números

85 años.
356 euros de pensión.
126 euros de alquiler.
1 retraso en el pago, en 1999.
1 nuevo retraso, en 2011, ya saldado.
0 euros de deuda, por tanto.

Sume, reste y obtendrá una orden de desalojo.

Foto: Paco Rodríguez.

Para este sistema, Aurelia Rey solo es un número. Para los centenares de personas que se concentraron ante su casa y paralizaron esta barbaridad, es otra cosa. Suerte, Aurelia, para ti y para toda la gente desesperada. Y justicia.

miércoles, 6 de febrero de 2013

Mary Leakey, su doodle y el LSD

Lucy in the Sky with Diamonds.
En 1967, Julian, que tenía cuatro años, llevó a casa un dibujo que había hecho de su compañera de clase, Lucy. Lo describió como Lucy in the Sky with Diamonds (Lucy en el cielo con diamantes). Su padre, que formaba parte de un grupo, decidió componer una canción con ese título.
Seguramente esto no hubiera tenido mayor trascendencia si el padre no hubiera sido John Lennon y el grupo los Beatles. Pero como todo lo que rodeaba al cuarteto alcanzaba gran repercusión, durante años se especuló sobre si la canción narraba un viaje lisérgico y las iniciales de su título respondían a la sigla LSD.

En 1974, Elton John interpretó una versión del tema, ya clásico, que fue número 1 en Estados Unidos y de la que se vendieron más de tres millones de copias. Una de ellas fue a parar a las manos de un joven paleoantropólogo, que la grabó en una cinta de casete. Esta cinta lo acompañó hasta Hadar (Etiopía) y no paró de sonar durante el tiempo que duró la campaña arqueológica en la que su equipo buscaba restos de homínidos.

El trabajo dio sus frutos cuando encontraron el esqueleto de una hembra, que ya hace 3,2 millones de años andaba sobre sus miembros posteriores. Era el fósil más antiguo conocido hasta entonces de una nueva especie, el Australopithecus afarensis y el mejor conservado hasta la fecha.

Esa noche lo celebraron, ¡vaya si lo celebraron! Bebieron cerveza tras cerveza, mientras escuchaban Lucy in the Sky with Diamonds a todo volumen una y otra vez. Entre bromas y risas, el fósil AL 288-1 pasó a llamarse Lucy y así fue conocido desde entonces.

Donald Johanson, el director de la campaña, escribió años después, junto a Maitland Edey, un fantástico libro de divulgación científica, titulado Lucy: The Beginnings of Humankind (Lucy: los comienzos de la humanidad). En España, se publicó como Lucy: el primer antepasado del hombre, reduciendo así la humanidad a la mitad. No era yo muy consciente de tal cosa cuando, aún en el instituto, llegó a mis manos y lo devoré. Así conocí a Mary Leakey y, durante un tiempo, quise ser como ella.

En los primeros capítulos del libro, Johanson hace un repaso de la historia de la paleoantropología. Reseña los descubrimientos, los avances de la ciencia y la trayectoria de las personas que los hicieron posibles, entre las que no podía faltar la saga Leakey: Mary, su marido, Louis, y su hijo Richard.

Mary Leakey y las pisadas de Laetoli.
Las investigaciones paleoantropológicas no se realizan para exponer trofeos en una vitrina, sino para esclarecer los orígenes de la humanidad, para saber en qué momento se alcanzaron las tres condiciones que, desde el punto de vista de la antropología física, culminan el proceso de hominización.
  • El bipedismo: caminar en posición erguida libera las manos, que evolucionan para convertirse en una pinza de enorme precisión.
  • La cerebrización: el uso de las manos libera a la mandíbula de parte de sus funciones, por lo que los músculos entran en regresión, realizan menos presión y dejan al cráneo expandirse, con lo que el cerebro tiene la posibilidad de ensancharse.
  • El lenguaje articulado: la más humana de las cualidades humanas puede surgir cuando la posición erguida y la basculación occipital hacen descender la laringe, ampliando la zona faríngea disponible para modular sonidos.

En este contexto, Mary Leakey, que tuvo una carrera larga y fructífera, siempre será recordada por dos hitos importantes. 
El primero fue el descubrimiento, en 1949, de un cráneo de un Australopithecus boisei, de 1,75 millones de antigüedad. Era una especie desconocida hasta entonces y permitió rellenar un hueco en el conocimiento de la cadena evolutiva.
Doodle de Google dedicado a Mary Leakey.
El segundo fue el hallazgo, en 1976, de un rastro de pisadas preservadas por las cenizas de un volcán en erupción. Eran los pasos de un grupo humano que hace 3,5 millones de años ya caminaba erguido, en Laetoli.

Recuerdo hoy, 6 de febrero de 2013, a Mary Leakey, porque Google conmemora el centenario de su nacimiento, dedicándole un doodle que alude a este gran descubrimiento.

Pisadas de Laetoli.
También hoy, 6 de febrero de 2013, leo que dos universidades españolas dan cobijo a profesores que defienden que la Tierra es el centro del Universo, que no se mueve y que es el Sol el que gira en torno a  ella; que Dios creó a Adán a partir del polvo terrestre, y después a Eva, en el preciso día sexto.

La ciencia, como el grupo de Laetoli, avanza con pasos lentos, pero siempre hacia adelante, apoyándose en las evidencias, el método y la razón. Impulsarla, es una misión sustancial de la universidad. Permitir que desde su seno se defiendan teorías geocentristas y creacionistas es un vergonzoso ejercicio de irresponsabilidad, una burla y una estafa. O el resultado de un mal viaje lisérgico, producido por el efecto psicotrópico del LSD.