viernes, 18 de enero de 2013

Criar mofu

Hace pocos días, me contaban por enésima vez esta historia.

Le decía A. a su joven hijo que no cambiara de empresa, aunque el trabajo en la nueva le gustara más y le abriera ilusionantes perspectivas.  Así nunca iba a criar mofu (*). 

Más tarde le dijo que no cambiara de país, pese a la atmósfera opresiva que había en el suyo y las ganas que tenía de conocer mundo. Si lo hacía, nunca iba a criar mofu. 

Cuando quiso volver, para montar su propio negocio, le dijo que ahora que ya se había integrado, para qué iba a arriesgar. De esa manera, nunca iba a criar mofu. 

Un día, el ya no tan chaval, se atrevió a preguntarle a su padre que para qué servía criar mofu. No le supo contestar. 


Si alguna vez veis que me empiezan a salir pelinos verdes, pegadme una patada en el culo para que espabile, porque sospecho que yo sí sé para qué sirve criar mofu. Para morirse de asco y aburrimiento. 

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(*) Criar moho.