sábado, 22 de septiembre de 2012

Frío en los huesos

Hace escasas fechas me reencontré con las entrañas de la Tierra.
En lo profundo, oscuridad, humedad, ese olor que nunca se olvida... Repté por aquellos pasajes angostos, con mucha excitación, algo de nostalgia y bastante curiosidad científica. Atravesé las simas con un poco de vértigo. Pese a las cuerdas y los tablones, a veces daba un poco de miedo: al resbalón, al traspié, a meterme una hostia monumental... ¡una ya no es lo que era! Bromas de mis colegas y nada que, como siempre, el deseo de estar allí no pudiera contrarrestar. Pasó pronto.

Vi por donde se precipitaron sus restos, tras ser canibalizados, ya cadáveres. Aparecerán más, seguro. Parecía que ya afloraban y hasta podíamos sentir su presencia. Comprendí lo fácil que era que algo los hubiera arrastrado hasta allí, leerlo no es lo mismo. Fueron las leyes de la Física: no sufrieron, ya estaban muertos, ya estaban muertas.

Fue un gran día: emocionante, apasionante, estimulante, largamente deseado. Un día de muchas preguntas aún sin respuesta. Cosquilleo, mariposas... También risas e hipótesis absurdas... o no tanto.
Siempre es así, lejos de los papeles científicos, que se escriben serenamente, con mucha más calma y horas de estudio. Ya vendrán, que en buenas manos están.

Imagen tomada de La memoria del bosque.
A la mañana siguiente, todavía con resaca de lo vivido, la prensa me recordó que, mientras yo estaba allí, se conmemoraba en Funeres el aniversario de la cruel matanza.

Otro pozo, otra sima, también la oscuridad, la humedad, la muerte. Y el miedo, que supongo cerval, terrible, en la profundidad del abismo.

Cincuenta mil años, o más, de diferencia. Me pregunté por qué y entonces, sí, sentí frío en los huesos.

Los arrojaron vivos. Más tarde los reventaron con cal, gasolina y dinamita... ¿quién se puede imaginar lo que sufrieron durante la espera?

Pese a conocer el suceso, pese a las detalladas narraciones, jamás entendí tan bien como esta vez, cómo se pudieron sentir.

Aún noto ese frío en los huesos, aún no ha pasado un día sin recordar.