sábado, 21 de julio de 2012

50 segundos

Adoraba el Tour. Una carrera en la que 50 segundos separaba la gloria de la nada. 50 segundos y un escupitajo.
Fignon, enorme ciclista, iba a ganarlo en el 89 y crecido, le sacudió un enorme gargajo a una cámara de Televisión Española. Eso lo cambió todo.
No valía con ganar, en buena lid. Tenía que humillar. El día de la contrarreloj final, comía con amigos y amigas de camino a San Miguel de Escalada, adonde, en otras ocasiones, había subido en bici. Les quería enseñar el sitio, pero, debido a lo que pasó, nunca llegamos. No os pienso contar dónde acabamos...

A los postres -yo mirando por el rabillo del ojo- nos levantaron los gritos de jódete, jódete. LeMond le remontaba los 50 segundos y aún le sacaba otros 8. Daba igual que fuera americano y daba igual la manía que le teníamos. Con cuarenta perdigonazos en el cuerpo (o igual 20, no me acuerdo) que le apartaron del ciclismo durante dos años, consiguió la victoria en Los Campos Elíseos.

Dicen que fue por el manillar de cuerno de cabra, la posición sobre la bici, el casco aerodinámico, no sé... El caso es que fue el triunfo de lo inesperado, el castigo a la soberbia, la victoria por la menor diferencia hasta entonces, la venganza de la gente agraviada. Solo era deporte, ya lo sé, pero también era una gran metáfora.

Hace mucho que sé que no se suben puertos con espaguetis y por muchas circunstancias el Tour ya no es lo mismo, pero cuando me escupen no puedo evitar recordar aquel día en el que la innovación, el espíritu de superación, dejó con dos palmos de narices a quien pensó que ya lo tenía todo hecho.


Ahora también nos escupen, también nos quieren humillar. También llevamos en el cuerpo unos cuantos perdigonazos, pero la carrera no la tienen ganada. También suenan jódetes (del otro equipo esta vez) también es un pulso, una contrarreloj. Pero innovemos, reaccionemos, no nos rindamos. ¡Vamos a por los 50 segundos, que no es imposible!

D.E.P. Fignon.

viernes, 13 de julio de 2012

De libro

Recortes, humillaciones, pulsos a los sectores más organizados de la clase obrera, medidas demagógicas para colar de rondón otras que lesionan los principios más elementales de toda democracia.
Y de mar de fondo, el malestar, el clamor contra la clase política que también tiene lo suyo... El gobierno que nos jode, la oposición que no está a la altura...
Pero eso no es la política y os lo dice una descreída. La política es noble, es servicio público, es representar los intereses de quienes te votan. Es la res pública.
Si ahora eso no se entiende así, es responsabilidad de quienes gobiernan, pero también de los partidos que pisan la cabeza de las personas válidas, consolidando el clientelismo y la burocracia. Otro tanto, de la prensa cómplice y empresarial. Y más...


Ojo, que si no hay regeneración y esto sigue así, vendrá el fascismo, es de libro.