viernes, 22 de junio de 2012

Bocadillos de delfín

Un inciso, antes de hablar de otra cosa. Bastantes personas me comentaron que la entrada anterior les resultó muy dura... y efectivamente puede que lo sea. Pero no quiero que os hagáis una idea equivocada: soy optimista impenitente. Por mucho que pasen cosas (y vaya si han pasado...) creo que siempre espera un futuro mejor. Punto y aparte.

Y bueno, al grano. Escucho y leo estos días a mis amigas preocupadas por la crisis, por cómo ésta afecta a las personas y por el negro panorama que alcanzan a ver para sí mismas. Eso es lo verdaderamente importante y la verdad, las soluciones que nos proponen no están a la altura.
Muchas me recuerdan a la ocurrencia de Arrese, que narra muy bien Heleno Saña en El franquismo sin mitos: conversaciones con Serrano Suñer. ¡Hostia!, heleno, saña... ¡Grecia otra vez!

Arrese, casado con una prima de José Antonio, había pasado una breve etapa en la cárcel, por haber conspirado con los hedillistas. Más adelante, Serrano Suñer consiguió que Franco le diese el gobierno civil de Málaga, como un gesto de conciliación hacia los sectores falangistas más intransigentes; pero se volvió a rumorear que conspiraba y Franco estuvo a punto de volver a mandarle a la cárcel, en lo que le contuvo Serrano, que le aconsejó que le llamara, le explicase los cargos que contra él se hacían y le permitiera justificarse. Pasaron unos días y, al preguntar Serrano a su cuñado qué había sucedido con Arrese, el Caudillo le contestó: "Pues mira, verdaderamente hice bien en seguir tu consejo, porque me ha hablado de unas casas baratas que ha hecho en Málaga y de unas ideas que tiene en materia alimentaria: aliviar el problema del hambre con bocadillos de carne de delfín. Total, que como pienso que lleva ya tantos meses vacante la Secretaría General de la Falange, le voy a nombrar a él ministro". Como se ve, la relación entre los bocadillos de delfín y la promoción al ministerio fue directa e inmediata.

Todo esto sucedía en 1941 y no fue la única idea peregrina. Franco, precisamente en Gijón, le dijo esto a Calvo Sotelo, su ministro de Hacienda:

Supóngase que ahora llega el gobernador del Banco de España y en un aparte le dice: "Señor ministro, nos hemos dado cuenta de que el oro que tenemos en el Banco de España no es tal oro, sino pedruscos. Al día siguiente verían que no había pasado nada, ni al otro... y pronto se les pasaría el disgusto”.

Los tontos a las tres de 2012 no se diferencian mucho de sus predecesores. Para qué decir más, mejor otro punto y aparte.

A mi no me tocaron los bocadillos de delfín, aunque sí (cuando tenía la edad de mis amigas que ahora sufren) el terror a no conseguir ganarme la vida y bastantes bocadillos de mortadela, lejos de casa. Y escampó.


Esto pasará, tiene que cambiar, joder, tenemos que cambiarlo. Por nosotras, por vosotras, que tenéis talento y la vida por delante.
Marieta, acuérdate del finde lluvioso en el que después del aguacero te levantaste por la mañana y descubriste que detrás de tanta niebla había una preciosa montaña. Hoy está nublado, pero...

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