domingo, 17 de agosto de 2014

¿Qué tal por África?

Hace mucho, mucho tiempo, había una vez un bar en el que él, a la vuelta de clase, en el primer año de facultad, las dos o las tres de la tarde, tan serio, siempre nos preguntaba lo mismo:
- ¿Qué tal la Uni?, ¿cómo os va?
Y la respuesta, siempre escueta, con guiño a Siniestro Total:
- Pues hombre, no nos va mal.
Y jijí y jajá.
Y él nunca preguntaba más y, ale, a correr los y vinos y las cañas, sí, todas las del mundo, que había muchas cosas de qué hablar, muchas cosas que arreglar, y venga a discutir y tal, pero hambre no, que ni puto duro teníamos pero mira qué enrollao, que ya se encargaba de que fuéramos para casa bien para estudiar (ja).

Después me di cuenta, qué inconsciencia la nuestra, de lo preocupado que estaba por el éxito de su embajada, enviada a veintiocho kilómetros, tan cerca y tan lejos. Por eso, sin hacerse notar, silencioso cómplice, nos cuidaba tanto, joder. Que era un poco "Grandes esperanzas", coño, y ni puta idea entonces.

Y la vida nos llevó a otros lugares, a otras costumbres, a otras ciudades, pero quisimos volver, ya mayores y, él, el más feo, el más fuerte, el más formal, él, con su rostro impenetrable, él, con el mismo gesto que entonces, nos recibió, muy serio, tanto tiempo después:
- Buenas tardes, ¿qué tal por África?
Y, como si hubiéramos vuelto de vacaciones, se lo contamos todo, lo celebramos todo, tantos años: que sí, que, hombre, no nos iba mal. Y él, feliz, "qué mayores, cuánto me alegro, se os ve bien".
Llegamos a tiempo, poco después cerró el bar. Y nunca supimos más.



Hoy, de repente, un desconocido, nonagenario ya, con el atrevimiento que da la edad, se sienta al lado y me dice, seguro que lo llevo en la cara, el moreno o qué sé yo...: ¿qué tal las vacaciones?

Y el plato del café sigue poniendo eso de que si vas a emprender el viaje hacia Ítaca pidas que el camino sea largo, pero no pone nada de que otro, que, sabe dios (sí, en minúsculas) qué sería de su vida, alguna vez me preguntó qué tal por Africa y sí, que fue un viaje larguísimo y bien, pero sería al único al que podría contestar porque, ahora, después de tanto tiempo, perdida la inocencia, hay cosas que no podría contar.

domingo, 16 de febrero de 2014

Mayúsculas y minúsculas

Por la niña rubia que no lloró la pérdida hasta que me abrazó. Por aquellos techos altos y las puertas siempre abiertas. Por la infancia compartida.
Por la llamada intempestiva, que no llegó a tiempo. Porque ahora no sé qué hacer. Por la adolescencia.
Por el relato que me dejó la sangre helada. Por algo que aún no sé si quería saber. Por la juventud.
Por la visita inesperada. Por la serena aceptación. Por la madurez.
Por las cestas de flores. Por las sorpresas. Por la vida por delante.


Por tres muertes, por dos resurrecciones, por las magdalenas (aunque no deba citar a Proust), por la vida, con mayúsculas, perdonen ustedes que no preste atención a los minúsculos caprichos.

jueves, 19 de diciembre de 2013

Asepsia

Cuando ayer vi cómo fumigaban a los inmigrantes en Lampedusa pensé, además de en lo evidente, en su obsesión por la asepsia. Pensé en las salas de cuarentena de la Isla de Ellis, donde desinfectaban a la gente más pobre. Recordé a los braceros mexicanos de El Paso, rociados con DDT y obligados a comer jabón como purga. Pensé en Auschwitz y en la pureza de sangre. En las fronteras, las exteriores y las interiores. En la diferencia entre la asepsia y la limpieza.

Hoy no puedo hablar de uno de estos conciertos sin hablar del otro, porque todo es lo mismo, porque Asturias Acoge, porque en Oviedo desayuna quien quiere, sin preguntas. Porque se acoge y se alimenta con la mirada limpia, sí, pero nunca aséptica.


El 20 de diciembre, a las 20.30 h, Vaudí y su banda despiden gira en el Teatro Filarmónica, destinando parte de la recaudación a Asturias Acoge. Un poco más tarde, a las 22.00 h, en La Calleja La Ciega, habrá un concierto a beneficio de los desayunos y meriendas para niños y niñas que organizan ¿Pero quién dice que en Oviedo no hay nada? y la Asociación Partycipa. Id a uno, id a los dos, pero id. Es todo lo mismo.

sábado, 14 de diciembre de 2013

Ageusia

Y qué más da que le encantaran las naranjas, qué más da que le resultaran tan dulces, tan refrescantes. Y ese olor…

El primer día no le dio mucha importancia: el catarro, la desgana... El segundo volvió a ocurrir. Mordió con fuerza y escupió la pulpa, amarga, muy amarga. El tercero, ni siquiera amarga, ni siquiera ácida; completamente insípida, era la nada.
Se negó a creer que no eran las naranjas, a admitir la terrible enfermedad. Dejó de comprarlas, las apartó de su mesa, dejó hasta de mirarlas.


Al fin y al cabo, también le acabó pasando al resto. Las mismas naranjas, los mismos síntomas y el no poder mirarse a los ojos. El silencio, espeso; el pacto, no escrito.
Incluso hubo quien, inmune a la enfermedad, prefirió arrancarse la lengua para dejar de percibir su sabor. Cualquier cosa para no pensar, para no sentir, cualquier cosa para no tener que decir la verdad: las naranjas seguían siendo tan dulces, tan jugosas, tan sabrosas como siempre habían sido.

De vez en cuando y medio a escondidas, aún alguien come naranjas. Esas que ya no son.
Naranjas, naranjas. Frente a la cómoda y gregaria ageusia, naranjas. Naranjas que, claro, no son naranjas.

martes, 8 de octubre de 2013

Angulas

Las angulas llegan en otoño a nuestras costas después de haber recorrido más de cuatro mil kilómetros desde su lugar de nacimiento. Llegan, agotadas, tras un largo viaje a merced de las corrientes. Llegan, muy delgadas, casi transparentes, después de haber consumido toda la grasa de su cuerpo. Muchas no lo consiguen, perecen en el camino, engullidas por los depredadores. Las más afortunadas consiguen remontar los ríos y convertirse en escurridizas anguilas. Para el resto, el final del viaje es el final de su vida, que termina entre salmuera. Son, las angulas, alimento de pudientes paladares.


Hoy hablo de angulas porque si hablara de personas, si hablara de inmigrantes, si hablara de Lampedusa, mucha gente apartaría la mirada. Pesan más que el equipaje el dolor y la tristeza, el porqué de este viaje.


viernes, 6 de septiembre de 2013

¿Tienes Facebook? Haz una copia de seguridad, ¡ya!

No es este el lugar donde suelo colgar artículos técnicos, pero hoy voy a hacerlo porque me parece urgente difundir esta información. Las redes sociales son un buen instrumento para el activismo, pero no hay que olvidar que la mayoría de las plataformas pertenecen a empresas privadas que definen y aplican, a su antojo, sus normas de comportamiento.

Estos últimos días me he hartado de ver cómo Facebook bloquea cuentas, bien definitiva o temporalmente, censura fotografías y elimina eventos. Cuando un pezón ofende más que una página que hace apología del maltrato, cuando no se puede decir que Rafael Hernando da puto asco pero sí que la República llevó a un millón de muertos, cuando no se puede convocar una movilización en defensa de la Universidad pública y sí una concentración de un partido fascista, por lo menos debemos tener la precaución de poner a salvo la información que tengamos colgada.

Para descargar una copia de seguridad de un perfil de Facebook hay que seguir estos pasos:
  • Hacer clic en el botón Editar cuenta y posteriormente en la opción de menú Configuración de la cuenta.
  • Hacer clic en el enlace Descarga una copia.
  • En la siguiente pantalla, pulsar sobre el botón Crear mi archivo.
 
  • Introducir la contraseña de Facebook y hacer clic en el botón Aceptar.
 
  • Hacer clic sobre Crear mi archivo
  • Finalmente, hacer clic sobre Aceptar.

Cuando la copia de seguridad esté lista, la recibiremos en la cuenta de correo electrónico que tengamos asociada a Facebook. De ese modo tendremos a salvo la información publicada en el muro, las fotos, los mensajes privados, la lista de amistades, etc.
Hacedla, de verdad, más vale prevenir.

miércoles, 17 de julio de 2013

Obscenidades

Dicen la mayoría de las fuentes que el adjetivo obsceno viene del latín obscenus, cuyas raíces son ob (hacia) y caenum (suciedad). María Moliner, en su diccionario de uso, relaciona el término con lo hediondo, indecente, sórdido, sucio... Las portadas de la prensa de hoy son obscenas.
La Gaceta conmemora la cogida de un viejo torero que, en una foto, semidesnudo, tapa sus partes con una mano. Dice que los médicos no quisieron mancharse las suyas de sangre. Él sí quiso. Tiene, para siempre, ensangrentadas, las manos de matar, las manos de maltratar.
Cuenta El País que Bárcenas, por delicadeza, no contaba los billetes delante de los donantes. Enternecedor. Y obsceno.
ABC habla de la España de la recuperación y la España que la torpedea. La primera, cómo no, es la de los sobres, la del pendrive de Bárcenas, que aparece en El Mundo, sepulcro blanqueado y obsceno.
Veo todo esto en Facebook, que no muestra, por obscenos, los pezones de las activistas de FEMEN, que censura, por obscenas, las fotos de Mapplethorpe.


Dicen otras fuentes que el adjetivo obsceno viene del griego ob skena, es decir, fuera de escena. En el teatro griego, para guardar la moralidad pública, las escenas de sexo y violencia se representaban fuera del escenario. Visto así, muchas cosas que no aparecen en las portadas, que están fuera de foco, tambien serían obscenas. Y lo son.
Los billetes de los donantes están manchados con el sudor de la gente empobrecida por la sórdida España de la recuperación. El indecente matador muestra su cicatriz, pero no menciona que más cornás da el hambre. Y el hambre es obscena, verdadera y asquerosamente obscena.